Pocas ciudades pueden decir que sus símbolos acabaron siendo una barca, sal y una yema de huevo.

A Aveiro la llaman la Venecia portuguesa. Basta una mirada a sus canales para entender por qué. Pero Aveiro es más que agua. Son salinas, viento del océano, barcas con ilustraciones vivas, pueblos pesqueros con casas a rayas y un postre hecho con yema de huevo.
Sal

Uno de los paisajes principales de la región son las salinas. Durante siglos, aquí se ha recogido sal marina dejando que el sol y el viento hagan casi todo el trabajo. En verano, las balsas se convierten en un paisaje geométrico: blanco, plano y trazado a regla.

La sal fue una mercancía estratégica mucho antes de los frigoríficos. Gracias a ella, Aveiro se convirtió en un puerto comercial importante de la costa portuguesa.
Barcas con carácter

Los moliceiros son el símbolo de Aveiro. Hoy llevan turistas por los canales, pero antes eran barcas de trabajo: se usaban para recoger algas (moliço), fertilizante para los campos de la zona.

Con el tiempo, las barcas empezaron a decorarse. Las pinturas de sus costados son como viñetas sobre la vida local. Cada barca tiene su propio carácter.
Las casas a rayas de Costa Nova

A pocos kilómetros de Aveiro está Costa Nova, un pueblo pesquero de casas a rayas.
Al principio eran simples cobertizos para guardar aperos de pesca. Para verlos mejor desde lejos, sus fachadas se pintaban con franjas verticales de colores vivos. Con el tiempo, los cobertizos se convirtieron en casas. Las rayas se quedaron.

Hoy cuesta imaginar la costa portuguesa sin estas fachadas rojas, azules, verdes y amarillas.
Ovos Moles

Aveiro tiene su propio postre: ovos moles. Nació de la practicidad de las monjas de la zona. Las claras se usaban para almidonar la ropa, y las yemas que sobraban acababan en los dulces.
Una ciudad de color

Aveiro se ve así de colorida por algo. Aquí el color está en todas partes: en las barcas pintadas, en las fachadas, en los reflejos del agua, en las salinas que cambian de tono según la hora.
Este es un lugar donde el mar, la sal y las tradiciones pesqueras han convivido durante muchas generaciones.
Aquí nacen los calcetines Limono.




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